1. Acto de
contrición. 2. Lectura
del día. 3. Tres
avemarías, seguida cada una de la invocación: “Oh María sin pecado concebida,
rogad por nosotros que recurrimos a Vos” 4. Súplica a Nuestra
Señora.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén.
Acto de
contrición:
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por
ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo
corazón haberos ofendido. Propongo firmemente nunca más volver a pecar y
apartarme de todas las ocasiones de ofenderos; confesarme y cumplir la
penitencia que me fuere impuesta. Ofrezco mi vida, obra y trabajos en
satisfacción de todos mis pecados. Y así confío en que por vuestra infinita
bondad me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida
eterna. Amén.
Primer día – Primera
aparición.
Contemplemos a la Virgen Inmaculada en su primera aparición a Santa Catalina
Labouré. Guiada por su Ángel de la Guarda, la piadosa novicia es presentada a la
Inmaculada Señora. Consideremos su inefable alegría. Nosotros también seremos
felices como Santa Catalina, si trabajamos con ardor en nuestra santificación.
Gozaremos de las delicias del Paraíso, si nos privamos de los gozos
terrenos.
Segundo día – Lágrimas de
María
Contemplemos a María llorando por las calamidades que vendrían sobre el
mundo, pensando que el Corazón de su Hijo sería ultrajado, escarnecida la cruz y
perseguidos sus hijos predilectos. Confiemos en la Virgen compasiva y también
participemos del fruto de sus lágrimas.
Tercer día – Protección de María
Contemplemos a nuestra Madre Inmaculada diciendo a Santa Catalina en sus
apariciones: "Yo misma estaré con vosotros: no os pierdo
de vista y os concederé abundantes gracias". Sed para mí, Virgen
Inmaculada, el escudo y la defensa en todas las necesidades.
Cuarto día – Segunda Aparición
Estando Santa Catalina Labouré en oración el 27 de noviembre de 1830, se le
apareció la Virgen María, hermosísima, aplastando la cabeza de la serpiente
infernal. En esta aparición se ve su inmenso deseo de protegernos siempre contra
el enemigo de nuestra salvación.
Invoquemos con confianza y amor a la Madre
Inmaculada!
Quinto día – Las manos de
María
Contemplemos hoy a María despidiendo rayos luminosos de sus manos. Estos
rayos, dijo Ella, son la figura de las gracias que derramo sobre todos aquellos
que me las piden y a los que llevan con Fe mi medalla. ¡No desperdiciemos tantas
gracias! Pidamos con fervor, humildad y perseverancia, y María Inmaculada nos
las alcanzará.
Sexto día – Tercera
Aparición
Contemplemos a María apareciendo a Santa Catalina, radiante de luz, llena de
bondad, rodeada de estrellas, mandando acuñar una medalla y prometiendo muchas
gracias a todos los que la lleven con devoción y amor. Guardemos fervorosamente
la Santa Medalla, y cual escudo, ella nos protegerá en los peligros.
Séptimo día de la
Novena
¡Oh, Virgen Milagrosa, Reina excelsa, Señora Inmaculada! Sed mi abogada, mi
refugio y asilo en la tierra, mi fortaleza y defensa en la vida y en la muerte,
mi consuelo y mi gloria en el cielo.
Octavo día de la
Novena
¡Oh Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa! Haced que esos rayos luminosos
que irradian vuestras manos virginales, iluminen mi inteligencia para conocer
mejor el bien y abrasen mi corazón con vivos sentimientos de fe, esperanza y
caridad.
Último día de la Novena
¡Oh, Madre Inmaculada! Haced que la cruz de vuestra Medalla siempre brille
ante mis ojos, suavice las penas de la vida presente y me conduzca a la vida
eterna.
Súplica a la Santísima
Virgen
¡Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra!, al contemplaros
con los brazos abiertos esparciendo gracias sobre los que os las piden, lleno de
la más viva confianza en vuestra poderosa y segura intersección, manifestada
innumerables veces por la Medalla Milagrosa, aunque reconociendo nuestra
indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercarnos a vuestros
pies para exponeros durante esta novena nuestras más apremiante necesidades (Se
pide la gracia deseada). Escuchad, pues, ¡oh, Virgen de la Medalla Milagrosa!,
este favor que confiante os solicitamos para la mayor gloria de Dios,
engrandecimiento de vuestro Nombre y bien de nuestras almas. Y para servir mejor
a vuestro Divino Hijo, inspiradnos un profundo odio al pecado y dadnos el coraje
de afirmarnos siempre verdaderos cristianos. ASÍ SEA.
Santísima Virgen, yo creo y confieso vuestra Santa e Inmaculada Concepción,
pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por vuestra Concepción
Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcanzadme de vuestro amado
Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de
corazón, de cuerpo y de espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una
vida santa y una buena muerte. Amén.